De – ses – pe – ran – te.
El pasado fin-inicio de semana (domingo 22 de julio y lunes 23 de julio) pasé poco más de 29 horas DESESPERANTES que espero no repetir.
Todo comenzó muy temprano por la mañana, a las 7:30 a.m. llegamos mi papá y yo al hospital Ayala del IMSS (ubicado en la calle de San Felipe, a una cuadra de la Av. Enrique Díaz de León). En cuanto llegamos dejé mi orden de hospitalización y esperé a que me llamaran para subir al 3er. piso, que es donde se realizan las cirugías. Casi a las 7:50 llegó una enfermera, pidió expedientes y cinco minutos después ya estaba en el ascensor rumbo al área de espera de pacientes que aguardan para intervención quirúrgica. Tan pronto como llegué me entregaron una bata y unas “botas” de tela para que me cambiara y esperara mi turno para ser operado, así que ni cuanto antes fui a cambiarme y justo cuando salía llegó mi mamá. Así que ya tenía más compañía en lo que esperaba. Éramos tan solo tres personas listas para la cirugía y después de las 8:30 una cuarta persona llegó, así que la sala estaba llena con los que ansiábamos la operación y nuestros familiares. Así comenzaron a pasar las personas, alrededor de las 9 entró una señora de la 3era. edad para una cirugía de rodilla, y con esto ya era obvio que no iba a ser el primero y lo tomé sin problemas. La espera comenzaba a ser larga y después de las 11 entró la segunda persona (aquél que había llegado después de las 8:30, pero como iba acompañado por un doctor a su arribo era de esperarse que tuviera “palanca”). El tiempo seguía pasando y estaba casi seguro que yo sería el siguiente pero me equivoqué al ver que antes de la 1 de la tarde pasaba el tercer paciente y me dije: “ni modo, de cualquier manera soy el siguiente”, que equivocado estaba… Las horas siguieron pasando y la desesperación ya era bastante por parte mía y de mis papás, y se incrementó al saber que a las 3 de la tarde apenas acababa de entrar a quirófano la persona que había entrado hace más de dos horas. Cabe mencionar que antes de entrar a cirugía el paciente es llevado a la sala de recuperación y pre-quirúrgica donde preparan todo para la operación. Me desanimé aún más al saber que la tardanza era porque las personas que llegaban a urgencias tenían prioridad sobre los que ya estábamos agendados, así que me resigné a ser operado a las 6 de la tarde según mis cálculos (y no estaba tan perdido). Después de toda una mañana y parte de la tarde de ayuno por fin a las 4 de la tarde me llamaron, así que casi corriendo me dirigí a la camilla que me esperaba en el pasillo de al lado y me trasladaron a la sala pre-quirúrgica.
Una vez allí me rasuraron la muñeca y me pusieron el suero, después me rasuraron gran parte de la rodilla y me pusieron alcohol. Estaba seguro que ya iba a entrar pero el niño que estaba a mi lado había llegado desde hace casi una hora y como venía de urgencias me temí lo peor y así fue: entró a cirugía primero pero sorprendentemente no se tardaron mucho, ni media hora ya que como era rotura del brazo supongo que se lo acomodaron y le pusieron el yeso.
Así que mi espera había llegado a su fin junto con mi paciencia y alrededor de las 5:15 p.m. entré al quirófano. El anestesiólogo me pidió que me pusiera en posición fetal, hecho lo anterior y después de pasarme muchas veces un algodón impregnado de alcohol en la espalda, la anestesia llegaba por medio de una inyección. Sentí como recorría todas mis venas aquél líquido y pronto empezaron a entumecerse y hormiguearme las piernas, dándome cuenta que perdía el control sobre ellas, más sin embargo, sentía bien cuando las estaban acomodando para comenzar. Para mi mala suerte estuve despierto torturándome durante casi toda la operación, que se me hizo eterna, así que oía cada que el doctor pedía bisturí, gancho, gasas, pero abrí bien los ojos cuando escuché la palabra taladro y ni qué decir cuando escuché clavos. Estaba que me llevaba la… pero ya estaba ahí y no me restaba más que ser valiente y soportar la tortura auditiva y la sensación de todo lo que me hacían en la rodilla. Sentí (aunque sin dolor) cada corte de bisturí, cada jalón de tejido y por supuesto, cada perforación de taladro (y fueron varias). Conforme avanzaba la operación me incomodé bastante de las rodillas por tenerlas en la misma posición todo el tiempo, estaba tan incómodo que el anestesiólogo lo notó y me preguntó que pasaba, después de explicarle le puso algo al suero que me relajó y adormeció un poco más. Seguí aguantando la operación combinada con la plática de una doctora muy parlanchina que estaba a mis espaldas.
No sé ni como pero después de un rato abrí los ojos y estaba en el área de recuperación, me había quedado dormido por suerte. Volteé al reloj de la pared y eran las 8:00 p.m., mi tortura había sido muy larga, cada minuto que percibí no era mi imaginación, lo viví. Calculo que me habré quedado dormido ya muy al final de la operación, sino es que a la pura hora de que me cosían la rodilla.
Quería salir cuanto antes para poder ver a Clari, que había ido a visitarme, desgraciadamente era cambio de turno y los camilleros llegaban a las 9:30p.m. pero la enfermera que estaba en la sala se apiadó de mí y me sacó por 10 segundos para tan solo alcanzar a decirle “hola” a mi pequeñita y avisarle que había salido todo bien.
Para las 9:20 ya había llegado un camillero que me sacó por fin de la sala y me llevó a mi siguiente lugar de tortura: la habitación donde pasaría la noche.
Entré en una habitación donde estaban otros 4 hombres de distintas edades recuperándose también de sus cirugías, cada quién en una cama y con un familiar a su lado. Mi papá me acompañaba y al enterarme que podía comer algo por fin, fue a la tienda y me compró un licuado de yogurt de plátano con fresa y un Napolitano de Marinela, siendo aquello mi cena y lo único que habría comido en todo el domingo. Jugué un poco con mi PSP pero no tenía ni siquiera ánimos de jugar mucho así que no duré con él más que unos minutos. Con la llegada de mi mamá después de las 11:30, mi papá se retiró y nos dispusimos a pasar la tormentosa noche.
Dormir era muy difícil con el entrar y salir de las enfermeras cada 2 o 3 horas para visitar a algún paciente y darle su medicina o cambiar el suero, agregando mis esporádicos ataques de tos. Ya entrada la madrugada la espalda comenzaba a reclamarme al irse poco a poco la sensación de la anestesia y estar acorralado en la misma posición sin poder moverme mucho por temor a lastimarme la pierna. Me aguanté (¿podía hacer otra cosa…?) y dormí tal vez 2 o 3 horas durante toda la noche y una pequeña parte de la mañana. Durante la madrugada y mañana fui al baño 3 o 4 veces debido al suero y si no me equivoco, en la segunda vez que fui estuve a punto de desmayarme en el baño, ya veía todo gris, estaba por salir pero no aguanté y le hablé a mi mamá que entró y tan pronto me vio bajó la tapa del excusado para que cayera casi instantáneamente sentado y sin energía, después de unos minutos de esperar a que se me fuera el mareo me ayudó a regresar a mi cama el hijo de un señor que estaba en el mismo cuarto, ya que ni con las muletas hubiera podido caminar bien. Tan pronto como salió el sol dormir se hizo aún más difícil con la llegada de los doctores a ver a sus respectivos pacientes. Después de las 8:00 a.m. llegó el tan esperado desayuno que no me duró ni 10 minutos, consistía de: un poco de huevo revuelto guisado con salsa de jitomate, tres galletas marías, dos rebanadas de pan blanco, un poco de papaya en cuadritos y un vaso de leche (supuse que eso era porque no tenía mucho sabor).
Al avanzar la mañana y desesperarnos un poco (más) mi mamá decidió ir a buscar al doctor con el que estuve yendo y como estaba en consulta, en una escapada fue a verme y un después de un rato mandó a una doctora con el alta médica y la receta.
Después de que la doctora me quitó el dren (que acumulaba en un envase tipo acordeón la sangre que salía de mi rodilla) y el suero, me vestí y dejamos el hospital alrededor de la 1:00 pm.
Así terminaría mi estadía en el hospital y mi ligero calvario.
Ahora vienen 3 semanas de no poder mover la rodilla (no flexionarla ni hacer esfuerzos) y posteriormente otras cuantas semanas de rehabilitación y ejercicios. Por lo pronto tengo una rodilla casi del doble de la otra por lo hinchado, un par de muletas que son mis piernas sustitutas y 3 meses para estar como nuevo, o al menos el doctor dijo que en 3 meses estaría caminando como si nada otra vez.
Etiquetas: cirugía, desesperante, hospital, rodilla



8 Comments:
Tu tranquis mi chiquito, ya que te recuperes muy bien, hasta te voy a poner a bailar =P
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Anónimo, a las 7:49 p.m., julio 26, 2007
Eso deseas mi niña, pero me dijeron que bailar incrementaba altamente el riesgo de lesionarme de nuevo, pero sin embargo, jugando fútbol fortalezco mi rodilla.
Por
Hugo - Krank, a las 7:53 p.m., julio 26, 2007
Entonces tendre que bailar yo sola?? =(
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Anónimo, a las 9:29 p.m., julio 27, 2007
Yo que tu cuidaba a la niña porque con las ganas que tiene de bailar, cualquiera te puede aplicar matanga..
No te creas Krank, nomas te estoy cotorreando..
Que bueno que ya te operaron, ya te van a dejar bien esa rodilla que tantos problemas te ha causado..
Mejorate pronto, y deja la medicina para poder pistear agusto..
Por
Benz (Tomoko), a las 3:34 p.m., julio 28, 2007
tu trankis, lo bueno que ya pasó la operacion y salio todo bien.... un ratote mas de espera y ya vas a poder jugar futbol para que nos ganen morritos de 13 años XD... =D....:P...
Por
Gabriel Delgadillo, a las 8:51 p.m., julio 28, 2007
Chale, espero que te recuperes pronto
Por
Chucky, a las 10:47 p.m., julio 29, 2007
Recuperate machin!!
clarita, yo bailo contigo ;)
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Purpura, a las 8:40 p.m., julio 30, 2007
No mames, llegué aquí sin querer, pero total leí esto y no mames, la neta yo creo que no aguantaría tanta desesperación, es que NO MAMES..
Que mal pedo..
No mames yo le tengo un chingo de miedo a esas cosas, no mames sigo traumado, con decirte que pensé en dejar de leer, porque me dan un chingo de ansias en las manos, no mames..
Pues no me queda nada más que desearte que te recueperes pronto y que puedas caminar por tus propias piernas, mucha suerte y que te recuperes muy pronto. Que la verdad eso si es una desesperación tremenda, si el simple hecho de ir de "visita" frustra demasiado, la verdad ahora me imagino siendo yo el que esté ahí... no mames..
Mucha suerte y que sanes pronto, la verdad (aunque yo creo que esto tiene rato que se escribio, espero que para la fecha ya estes sanito.
Mis mejores deseos.
-Motelara.
Por
Anónimo, a las 11:58 p.m., septiembre 16, 2007
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